7.10.16

Desprecio

El otro día vino a mí un viejo fantasma del pasado. Sólo quería saludar y rozarse un poco conmigo. Pero me dio tanta pereza que pensé: Ahí os dejo, cosas del pasado. Lastres. Preciosos trozos de nada envueltos en brillante celofán. Ahí os quedáis. Sí. Bien, no fue tan fácil.
Es que me pierdo en divagaciones. Como esa niña mala perdida en la tienda de chuches. O peor aún, como esa niña buena en la biblioteca, sección terror y ciencia ficción. Así voy dándole forma a este fragmento de texto que sólo es viento atrapado en una pantalla, aporreado a través de un teclado gastado, un teclado frustrado. ¡Qué poderosa herramienta es la frustración! Y yo aquí elevando mi canto de polilla atrapada, de amor arrasado, del desprecio.
Vamos a hablar del desprecio, amiguitos.
El desprecio es de color crudo, y textura pringosa.
El desprecio es náusea y ginebra sin tónica ni limón. Con mucho hielo. Pero arde.
El desprecio hace que arda mi cara. Todos los recuerdos se han puesto en pie de guerra. Podría beberme todo eso combinado con la más tirada de las ginebras, la más dura para el hígado. Me sabría a gloria. No como todos estos años acumulando desprecios y olvidos como una loca de los gatos con síndrome de Diógenes. 
¡Ah, qué bello es todo! Y qué cruel.
Para colmo las redes sociales alimentan mi tedio. El tedio alimenta mi angustia y mi desolación. Se vuelve verde mi desprecio. Me río muy fuerte. Ahora yo también te deprecio. Pero no sirve de nada si tú no puedes sentir en la boca del estómago este puñetazo a tu ego. No te quiero. Pero ese vacío hace tiempo que se llenó de bilis y se ha reabierto el pozo negro. Ahora no eres nada. No eres nada. Nada. Queda el vacío y me da vértigo. Por eso lo lleno con desprecio.
- Ay, ¿qué puede salir de esto?
- Vamos a contar la historia.
- ¿Qué historia? A nadie le interesa.
- A mí.
- ¿Y tú quién eres?
- Descúbrelo tú misma.
 - Ya... No me lo vas a poner fácil, ¿eh? Y es que abrir de nuevo la caja de Pandora sólo puede traerme pesadillas. No de las buenas. Pesadillas como espinas enredadas en mi cuello. Pedazos de metralla bajo la lengua.

Voy a contar la historia de desprecio. Estoy reuniendo el material. Va a ser algo bueno. Seréis testigos.


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