11.9.12

Las flores de la melancolía


Hoy, lunes 10 de septiembre de 2012, es el cumpleaños de mi abuela paterna, no he encontrado trabajo, y siento un agujero en el corazón. Y de alguna manera las tres cosas están relacionadas. Me explico: lo del cumpleaños de mi abuela me da alegría, pero me recuerda el inexorable paso del tiempo. Lo de mi trabajo es más complicado, llevo meses sin trabajar y me estoy reblandeciendo por dentro. Cualquier rutina se me hace un mundo y a la vez estoy nerviosa y con mala conciencia por no buscar con más ahínco, por dejar ya de quejarme de este mundo extraño que me ha tocado vivir, lo poco que importa la educación y blablablá. Y lo del agujero en el corazón es porque estoy triste.  Tengo que solucionar cosas importantes en mi vida, y eso me supone un esfuerzo enorme, colosal. El paso del tiempo, la búsqueda infructuosa de una ocupación y la losa de la tristeza son tres de los puntales de mi inspiración. Además está el tema de llorar, las lágrimas me permiten por un momento mecerme en la auto compasión. Me sienta bien llorar, me deja como serena y preparada para escribir. 

Escribir, debería ser mi válvula de escape, mi pequeña isla de salvación. Pero no. Demasiado fácil. O difícil. Prefiero mecerme en la auto compasión como un gato se enrosca sobre su cola y duerme. Dormir y dejar que todo pase. Los problemas, las ilusiones. Los miedos. Veo que todo el mundo se mueve en alguna dirección y yo no. Me quedo quieta, petrificada, anticuada… Ni siquiera se me ocurren más adjetivos, adjetivos que correspondan mejor con lo que siento… Puede que sea envidia. Eso debe ser. Envidia y tristeza. Una mezcla de orgullo y derrotismo. Combinación absurda como este afán mío por trascender. ¿Cómo? ¿Por qué? Dejar mi huella en mis palabras escritas, en mis cuentos inacabados, en mis poemas sucios. La indefensión como escudo. Y sin embargo hay belleza en todo esto, hay una extraña belleza oscura que me empuja a sucumbir una y otra vez. Deseo que esto acabe, y a la vez, oh, cómo me deleitan estas horas muertas frente a la nada de mi existencia...
Aunque no todo es oscuridad. Mi marido es fuerte; su amor: sincero y reconfortante. Pero a veces no comprende este infierno que me hiela por dentro, que me hace darle vueltas a las cosas hasta el punto de volverlas más absurdas todavía. Para él todos los problemas tienen solución. O por lo menos, se tiene que intentar resolverlos, sino es que no tienes problemas, significa que no quieres solucionarlos. Y ese es el quid de la cuestión. Que tiene razón y es odioso. Pero le quiero, a pesar de tener opiniones diferentes, tan opuestas. Yo sigo con mis quejas, sin intentar la solución. En cierta manera me reconforta todo este conflicto interior. Es lo que he vivido desde niña. La lucha infructuosa de una misma contra si misma y su conciencia. 

En mi casa, cada día se plantaban las flores de la melancolía. Unas flores extrañísimas y calientes como buñuelos recién horneados. Había canciones y gritos; besos y tortazos; arañazos y lametones. Juegos y castigos. Normas y descontrol. Carreras alrededor de una mesa para evitar el castigo de la zapatilla en las nalgas. Risas ante el televisor comentando las últimas payasadas del presentador de turno. Una atmósfera sólida, casi irrespirable y en cierta manera hostil a los jóvenes corazones que allí crecían.
Y mucho amor.
Amor desmedido, suculento, reconfortante y demoledor. Yo soy fruto de aquel hermoso hogar. Y la suma de mis pequeñas variaciones genéticas y decisiones, acertadas o no, que me han configurado hasta este punto.

Ahora sólo quiero que llueva de una vez, que pase este calor pegajoso e infernal. Deseo que me haga efecto la pastilla fuerte, la que me va a llevar de la mano al reino de las pesadillas sin sueños. Sólo quiero que mañana sea martes, y pintemos de rojo la habitación y bebamos vino con la comida. Quiero que todo esté en su sitio. Quiero hacer las cosas bien. Eso sería una novedad realmente preciosa y muy bien acogida en esta casa que es mi corazón. 
Empiezo a sentirme mejor...



31.5.12

A bocajarro

Los días de crisis me afectan más de lo necesario. Intento centrarme, sin éxito, en la búsqueda de empleo, de sentido, pero me mareo a mi misma en un eterno ir y venir por los bordes de la nada. Me ha dado por leer otra vez, todas las obras de horror de Stephen King, las buenas, las malas, todas las que puedo.
Incluso leo poesía. Devoro historias como una buena bulímica de las palabras. Quiero escribir algo de terror y poesía, algo sublime. Pero no sé por donde empezar. Qué camino seguir...
Las cosas no deberían ser así, ahora que tengo 33 años, las cosas deberían ser de otra manera. Quizás con hijos, pero seguro con un trabajo estable. Mira por dónde, ha dado la casualidad, o no, que he caído de bruces en esta época de caos y de guerras económicas y mundiales encubiertas, y no hay espacio para los jóvenes. No hay sitio para las cosas buenas. Sólo malas noticias, cuestiones sin resolver, miedos compartidos, políticos apocalípticos y villanos ricos. Esto no es para mí, y me salpica toda esta mierda y estoy hasta el cuello. Ni siquiera el abrazo amoroso y seguro del hombre que comparte conmigo esta vida, me puede ayudar. Porque no es suficiente con que te quieran tal como eres. Eso no es suficiente para una mujer laberíntica como yo. Ahora tendría que gritar muy alto, algo, algo que me sacara de este ombligo cósmico de conmiseración y desidia. Esperando que el mundo se acabe, me mezco confusa a la espera de que ese algo bestial me arranque de mis lamentaciones y me empuje a la acción. ¡Yo, una mujer de acción! Y no la niña temblorosa que se enrosca sobre el dolor y piensa que con los besos y los versos, quizás, se mate a polvos esta vida de crisis y decepción...

Puede que la única solución sea escribir a bocajarro.

Y esperar un milagro.


11.5.12

La sonrisa del pájaro cautivo

Hay un precioso pájaro de ojos tristes en una jaula de cristal de roca.
Es un pájaro de cuento, con las alas rotas.
Un día quiso escapar de su hermosa prisión.
Picó la mano que le daba de comer, con toda sus fuerzas.
La mano se apartó con sangre y sorpresa y él encontró un hueco por el que escurrir su pequeño cuerpo. El pequeño animal vio la vía libre, la oportunidad soñada. ¡Ah, los cielos azules!¡Ah, los campos de trigo!
Y agitó sus alas doradas, con todo su corazón.
Suspendido en el aire, tuvo su segundo de gloria. Pero la mano que le daba de comer le agarró al vuelo. Luego vino el dolor lacerante como una explosión.  El pequeño pájaro perdió la luz y unas sombras espesas le nublaron la cabeza. Sus alas. Las que sustentaban su sueño, ya no servirían para escapar.

Ahora la mano que lo alimenta es más cuidadosa. Le dosifica su amor con delicada crueldad. Ama al hermoso pajarillo pero no perdona su osadía. Y le recuerda cada día que ahora él tiene las alas partidas. Le recuerda que él es de ella. Suyo. Para siempre.

El pájaro ya no canta. Sólo espera que el tiempo haga su trabajo, que venga la muerte a levanterle el vuelo. Hasta el mismo cielo. O que ella vuelva a confiar. En el fondo de sus ojos, el pájaro decorativo tiene un brillo rebelde. De vez en cuando, aún recuerda el sabor de la sangre de su mano. Y sonríe, cómo sólo los pájaros sombríos lo saben hacer.

4.5.12

Francesca Woodman Poetic Project

José Manuel Vara es un creador tenaz que aglutina creatividades diversas, en proyectos concretos y fabulosos como el de Francesca Woodman Poetic Project. Nos presentó a la casi desconocida y malograda fotógrafa americana, que retrataba la belleza oscura del mundo, de su propio cuerpo. Nos la presentó desnuda y profunda, con todo el poder de sus imágenes. Y nos invitó a participar en un hermoso proyecto dónde cada creador, mediante palabras propias retrataba sus vivencias de la Woodman. Cada uno de nosotros, los que hemos tenido el placer de participar, hemos aportado versos, pensamientos, cuentos... que dan un enfoque personal, dinámico, único de la magnífica fotógrafa de lo oscuro. Francesca Woodman cobra vida a través de sus fotos y se hace presente a través de las palabras de todos nosotros. Gracias Vara, por darnos esta magnífica oportunidad. Juntos, a través de este proyecto, hemos hecho presente la vida y obra de Woodman, tal y cómo ella se merece.



Aquí os dejo el enlace dónde podéis ver el Francesca Woodman Poetic Project:
http://issuu.com/franwoodpoeproject/docs/francesca_woodman_poetic_project

17.3.12

La llaga

Laceras mi sangre,
patrullas mi cuello,
me rompes los bordes
me llenas de miedo.
Me haces tan frágil;
 escarcha en mi pelo.
Te deshaces,
me llenas de tedio.
Te siento clavada
como una isla de hielo.
Yo soy ardiente, de una ciudad de fuego y sueños.
Tú eres veneno.
Laceras mi tiempo.
Es esta llaga un desierto.
Y no te quiero en mi desierto, ni en mi llaga, ni en mi tiempo.
Pies de cemento.
Me quedo quieta como un mueble viejo.
No hago nada.
Te veo sonreírme con confianza.
Te mataría con mis propias manos...
¡Oh, maldita cobardía!
No decir lo que pienso y perderme
en un lento proceso de negación.
Y NO NO NO NO!
Siempre no...
Es una tortura.
Desearía estar desnuda con los brazos abiertos
sonriendo al sol,
sin miedo.
Sin tiempo para el error.

Desearía ser yo para siempre.
Y decirte adiós con los dientes.
Una sonrisa apretada mientras
acabo contigo.
Y me libero.

23.8.11

Amy Winehouse

Mi preciosa niña oscura, la de la voz de terciopelo negro. La muñeca con las venas de cristal translúcido. La prisionera que nunca quiso escapar y fue libre. Cantabas con la voz rota y la vida rota. Antes de empezar ya has acabado, cuando tu recuerdo se ha hecho inmortal. Somos desgraciados con tu pérdida, en tu despedida por la puerta de atrás. Te lloro con un nudo en las tripas, mi delgada niña de humo. Nada te agarró a esta vida, el juego se acabó en mitad de la partida. Me quedan el "Back to black" y el "Frank" agazapados en mi memoria, como un veneno bueno, un vino delicado. Nadie se inventó como tú, nadie podrá igualarte, mi difícil muchacha de la infinita voz. Ahora que escribo estas trémulas palabras, que ya hace días que no estás, ahora que ya no me quedan lágrimas, es cuando más te echo a faltar. Adiós mi sublime niña, la de la voz de azúcar. La mujer solitaria que se fue deprisa sin cerrar la puerta. Ahora encenderé el equipo de música y te haré un homenaje sencillo, escucharé tu voz con los ojos cerrados. Así es más fácil el engaño, porque cuando los abra, todo seguirá rodando, ya sin ti, para siempre, hasta la próxima historia triste. Ésa que cuentan bajito todos los artistas malditos.




9.4.11

Caníbal

Me devoran
las horas que paso
masticando significados,
soñando ser devorada
por hordas de gusanos.

¿Cuánto aguantaré
este pulso callado?
Los mordiscos en el alma
escuecen tanto…

Sólo seré un caníbal más
en este carnaval descarnado
Sólo un zombi más
que come y es devorado.

14.1.11

Francesca Woodman me mira

Francesca Woodman me mira seria desde la distancia. Ha visto algo en mí desde donde está. Lejos. En la penumbra de sus fotos, ella espera y vigila mis pasos. Se ríe de mí y de mi búsqueda, estéril y vulgar. Acaricio con palabras de cartón su soledad inhóspita y hermosamente cruel. Intento encontrar la magia, el porqué de su derrota, el significado preciso de sus juegos de sombras. Me siento observada, un poco ridícula en mi vano intento de darle sentido a su muerte, dar sentido a su obra más allá de lo obvio. Entender a Francesca no es fácil. Pero remueve por dentro a través de sus fotografías con su abnegación, su entrega, su desespero. Me gustaría estirar la mano y tocar las suyas, frías como lápidas, y encontrar el latido, el pulso que movió sus días. Quiero tender hacia su oscuro mundo sutiles puentes de palabras que puedan dar luz al misterio que guarda en su interior. Mis pobres palabras blandas y edulcoradas no pueden con su cruda y descarada poesía. Me siento pálida al lado de Francesca. Y de algún modo ella lo sabe. Eso es justo.

Seguiré intentándolo.




19.8.10

Casi azul

Casi Azul (fragmento)

-Hay días así, dijo el hombre de gris. - Hay días casi azules. Días estupendos, en los que por un momento te olvidas de algo que te pone triste. Son días enigmáticos, puestos al azar en tu vida para hacerla más soportable.
El hombre de gris me miró por encima del periódico y sonrió. Era una sonrisa exagerada. -Hoy puede ser tu día de suerte, pequeña.
Pero yo no le creí. Me daba mal rollo, ahí tan quietecito y bien vestido, soltando frases filosóficas. -No lo creo, dije sin más. Y seguí sorbiendo mi granizado de menta. Estaba un poco cansada de todo. Me iría pronto de esa cafetería, de ese barrio anodino, y sobretodo de la ciudad. La maldita ciudad-prisión que me dejaba helada por dentro, que devoraba uno a uno todos mis sueños. El hombre de gris parecía querer algo de mí, pero no era tonto, y seguro que sabía que por un granizado no me vendo. Llevaba un par de años haciendo cosas así, quedando con desconocidos en bares de por ahí para pasar un buen rato. Generalmente los conocía por Internet pero al hombre gris me lo encontré en el ascensor. Un vecino. Por una vez había roto mis esquemas. Un vecino es casi un conocido. ¿Cómo había dicho que se llamaba? Va, da igual. Y dice que hay días casi azules... Curioso sí que es. Pero con cada palabra que dice me aleja de él. Algo me dice que esto puede ser peligroso.
-Creo que no me estás escuchando, Lenore. No me escuchas y empiezo a estar harto. Yo sólo quiero que ames más la vida.
-¿Por qué? La vida es lo que es, no tengo porque amarla más o menos.
-Eres demasiado joven para estar tan triste.
-Bueno, soy realista. Si la amas demasiado te duele.
-Ah, el dolor, el dolor, la huida de él. ¡Sois tan entrañables los seres humanos!

Un escalofrío asimétrico me recorrió el cuerpo. Sonreí. Sonrisa congelada. Quería hacerme la dura. Pero sin saber muy bien porqué, aquel banal comentario, absurdo en su esencia, me dejó perpleja demasiados segundos. El hombre de gris me sonrió aún más.
-Estás un poco pirado. ¿Seres humanos? Hablas como un extraterrestre. O como un demonio. Tal vez como un demente.
-No soy nada de eso. Pero está bien que lo comentes. Lenore. Quiero que nos conozcamos mejor. Nuestro encuentro no ha sido casual.
-¿Quién eres? ¿Quién eres en realidad?
- Oh, tengo muchos nombres. Soy la Desesperanza, el Desespero, llámame cómo quieras, pequeña. He venido a por ti.
-¿”La Desesperanza”?¿Pero qué dices?¿Por qué me hablas así? ¿Por qué me estabas animando a amar la vida si eres esa supuesta "desesperanza"? Actúas de una manera peculiar, estimado vecino... Intentaba hacerme la graciosa, pero de alguna manera sabía que lo que tenía delante de mí no era una persona, era algo más. El hombre de gris hizo una mueca terrible. El ambiente de la cafetería se hizo irrespirable, y empecé a sentir que me faltaba el aire. El ruido a mi alrededor cesó. Todo permanecía inmóvil y desdibujado. Algo sólido, contundente, emanaba de esa cara irreal.
-He venido a por ti, mi dulce Lenore. Hace tiempo que te ando siguiendo la pista. Eres de mis favoritas. Tan falsamente oscura, gótica, negativa, pero tan rabiosamente viva y creativa. Tan joven. Me encanta sembrar la verdadera oscuridad en los tiernos corazones. Hacerlos míos. Cuando yo quiera todo esto desaparecerá de tu mente, y serás mía, hasta el día en que mueras. Entonces ya no te necesitaré. Yo me alimento de cosas vivas. Pequeña, encantadora niña. Ahora no tengo nada más que decirte. De momento.
-Entonces, estoy marcada.
-Sí.
-Eres muy amable por avisarme. - dije con un gesto burlón.
El hombre de gris, la gris Desesperanza se puso roja de golpe. Mis palabras la habían molestado de alguna manera. Yo me resistía a ser suya, a ser de nadie.
- Eres impertinente, Lenore. Y muy imprudente. No conviene enfadar a la Desesperanza.
-¿Por qué? ¿Es qué acaso puedes ser peor?
- Sí, Lenore. Puedo darte esperanzas y quitártelas en una espiral tan perfecta, que nunca jamás puedas salir de ella. Serás un preso en el corredor de la muerte que cada día recibe la noticia de que va a ser ejecutado y exculpado. Pero nunca sabrás cuando, ni dónde. Y querrás que todo acabé, pero la muerte no vendrá. No acabará tu suplicio. Y te llevaré a mi plano, para siempre, en cuerpo y alma. Oh, sí, puede ser mucho peor.
- Entonces será mejor que lo dejemos.

Y me fui de allí, de aquella cafetería, puente entre lo real y la Desesperanza, decidí huir lejos del barrio anodino que me había visto crecer, y sobretodo lejos de la maldita ciudad-prisión que me dejaba helada por dentro, que devoraba uno a uno todos mis sueños. Y yo aún tenía sueños, y esperanza.

Todavía no era suya.


9.12.07

La pecera

(Fragmento I)
Mis padres son hermosos. Muy hermosos y falibles. Viven sus vidas extrañas y preciosas. Sus burbujas de aire casi azul. En su casa, que ya no es la mía, viven mi padre y mi madre encerrados con una sonrisa pintada en los labios. Se pelean mis padres, con amor, con mucha ternura. Se escupen mis padres, con delicadeza, casi con un toque de dulce ironía. Mi madre entra en perfectas espirales concéntricas y no sale jamás. Mi padre, silencioso, la ama tanto que nunca moverá un dedo por sacarla de allí. Y así año tras año, mis padres tejen su red de besos y fracasos. Y nosotras, sus hijas, miramos. Ya no podemos intervenir. Es cómo mirar una pecera llena de hermosos peces tropicales y saber que el agua está muy caliente, ardiente como lava, y que es mejor no meter la mano, porque pueden ser pirañas esperando nuevos manjares. Mis padres se devoran. Es una curiosa forma de amar. Cada día los amo más y sé que no puedo intervenir en esa pecera. Por eso, a veces, siento una tristeza líquida que me empaña la mirada. Comprender eso es muy duro. El dolor también es una forma de amor.
(...Más fragmentos de la pecera...)