Incluso leo poesía. Devoro historias como una buena bulímica de las palabras. Quiero escribir algo de terror y poesía, algo sublime. Pero no sé por donde empezar. Qué camino seguir...
Las cosas no deberían ser así, ahora que tengo 33 años, las cosas deberían ser de otra manera. Quizás con hijos, pero seguro con un trabajo estable. Mira por dónde, ha dado la casualidad, o no, que he caído de bruces en esta época de caos y de guerras económicas y mundiales encubiertas, y no hay espacio para los jóvenes. No hay sitio para las cosas buenas. Sólo malas noticias, cuestiones sin resolver, miedos compartidos, políticos apocalípticos y villanos ricos. Esto no es para mí, y me salpica toda esta mierda y estoy hasta el cuello. Ni siquiera el abrazo amoroso y seguro del hombre que comparte conmigo esta vida, me puede ayudar. Porque no es suficiente con que te quieran tal como eres. Eso no es suficiente para una mujer laberíntica como yo. Ahora tendría que gritar muy alto, algo, algo que me sacara de este ombligo cósmico de conmiseración y desidia. Esperando que el mundo se acabe, me mezco confusa a la espera de que ese algo bestial me arranque de mis lamentaciones y me empuje a la acción. ¡Yo, una mujer de acción! Y no la niña temblorosa que se enrosca sobre el dolor y piensa que con los besos y los versos, quizás, se mate a polvos esta vida de crisis y decepción...
Puede que la única solución sea escribir a bocajarro.
Y esperar un milagro.