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7.11.14

La mosca en tu pared o mi amor por Vetusta Morla

La mosca en la pared observa mi desgracia. Testigo mudo de mis horas bajas. 
Yo le supliqué que lo escuchara todo, que se quedara. -Serás la guardiana de mi secreto, le susurré en sueños.
La mosca observaba mientras yo me perdía en el fuego negro de las pesadillas. 
Ardía mi frente. La mosca agitaba un poco sus patas. Las frotaba inquieta contra sus ojos facetados. Un ligero zumbido sobre el confuso revuelo de sábanas húmedas de sudor.
-Quiero que veas mi dolor, pequeña. Siéntelo vibrar en el aire viciado del cuarto.
Pero mi sufrimiento era tal que la mosca prefirió volar y dejarse atrapar por la invisible telaraña del rincón. La misma de siempre. Dónde duerme paciente, la otra celadora de mi destino aciago. La araña. La reina oscura. Se dio un festín con la pobre criatura. En ese momento, caí aún más profundamente, más inconsolablemente perdida en el laberinto de cristal de mis mapas mentales truncados. 
Vienes a mí en sueños y lo sabes. Tienes ese poder sobre mí. Lo gozas. Cada segundo en mi mente, nadando a tu antojo como una piraña en la pecera de mis pensamientos. Y ya no hay mosca testigo. Pero a la araña le gustas. Le enamoras. Desde su rincón contempla complacida mi caída y mi dolor. Ella no dirá nada. Nunca le he gustado demasiado. Me vigila, para ti. Pequeño vampiro de sueños, rey de los duendes del laberinto. Ya no me quedan testigos fiables. Y me dejo atrapar una vez más. Hacia dentro, en la maraña de los reinos oscuros. Perdida de nuevo. Cayendo en espiral.


Por cierto, este pequeño fragmento está inspirado en la canción La mosca en tu pared, de Vetusta Morla. Magnífica canción, impecable álbum.

26.3.14

Laberinto (dentro del)

He caminado por el laberinto de las espinas. Y sigo en él. Ahora estoy quieta mientras la rueda gira. Bola de cristal roto que rueda y rueda sin fortuna y sin sentido. Tengo los pies atados. Las manos en carne viva de intentar aferrarme a los bordes de la nada. Doy la vuelta sobre mi misma y caigo en espiral sobre mis propios miedos. Son miedos pequeños comos piedrecitas del camino en los zapatos. Piso fuerte y siento como se laceran mis dedos, la planta de mis pies. La sangre brota lentamente y me recuerda lo efímero del dolor. Lo solemne. Lo absurdo. Saboreo el daño. Me recreo. Y piso más fuerte. Las piedras se instalan bajo la piel. Para que nunca olvide. No olvido. Ya no.

Espantoso laberinto. Monumento a mi fracaso. Palacio de mi desgracia. Seré la reina perdida, la silenciada. Pero seré LA REINA de mi desdicha. No me doblegaré a nadie, ni al dolor de otros. Sólo al mío. Seré la valerosa guerrera que afronta los peligros. Seré lo que quiera ser mientras las piedras de mis pies me recuerden lo que soy en el fondo. No perder de vista mi esencia. Nunca. Jamás.

¿Quieres visitar mi reino? Para entrar sólo te pediré una cosa. Tus ojos... Son tan bonitos, tan nuevos, te los cambio por estrellas pintadas, por promesas húmedas y suaves como besos de puntillas. Si te vienes a mi laberinto te perderás conmigo y en mi. Si te cansas o te arrepientes te devolveré tus ojos. Te lo prometo. Aunque te advierto, me encantan los juegos y puede que esto no sea más que un pasatiempo. El laberinto es un buen lugar para esconderse... ya puedes entrar. Mi dolor te espera con fuegos de artificio. No saldrás defraudado. 
Ven.

6.8.13

No tienes poder sobre mí


No, no tienes poder sobre mí. 
Vienes agazapada en la sombra de mi propia debilidad, pero yo te digo a ti y ahora que ¡NO, no tienes poder sobre mí! Puede que a veces me despiste, me debilite o me asuste y entonces tú crezcas como una planta venenosa. En esos momentos me siento pequeña, perdida pero sé que en el fondo de mi alma está la fuerza para vencerte. A ti, a ti, maldita usurpadora, que vienes con mentiras a lamerme la cara. Que quieres que te quiera más que a nada en el mundo. 
Te cuelas en mis sueños y me susurras tus deseos de posesión. Crees que soy tuya y juegas al escondite en mis pesadillas, me cubres de telarañas los ojos para que no te vea. Para que no descubra tu fea cara mentirosa. Porque cuando te miro a los ojos, esos ojos vacíos y rotos, te veo de verdad y te desactivo. 
No tienes poder sobre mí. Caminaré por el laberinto de las dudas que como espinas infectadas me arañan la vida. En cada recoveco infecto buscaré tu macilenta cara desvergonzada para escupirte y seguir mi camino. Oh, habrá días en los que me creas ganada. Días solitarios y demenciales en los que te sentarás sobre mi pecho y hundirás tus garras afiladas en mi cuello. Pero aunque mastiques mi carne hasta el hueso, yo te digo, aquí y ahora que no, no tienes poder sobre mí. Y que tus pequeñas victorias alimentan mi odio, y el odio me hace poderosa, y un día ya no podrás usar tus tretas, te dejaré desnuda y temblando en mitad del laberinto. Cuando me gire un segundo te veré suplicante como un gato bajo la lluvia. Serás una niña pequeña y vencida. Y no tendré piedad, porque la piedad es algo demasiado elevado para que tú la merezcas.
Ese día está cerca. 
Mientras tanto, mientras te subes a mi espalda y te enroscas en mi cuello, mientras bebes un poco de mis lágrimas, recuerda que puede ser hoy el último día que te deje hacerlo. Así que disfruta, maldita, porque pronto vas a saber lo que es perder.