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16.8.15

Relatos y Tinta: Los Moradores del Metro

Aquí os dejo con mi colaboración quincenal en Relatos y Tinta. Espero que los que cojáis el metro habitualmente no dejéis de hacerlo...A pesar de estos peculiares moradores.


"Cada día voy en metro al trabajo. Es un trámite necesario meterse en las tripas de esta oxidada ciudad y atravesarla por debajo hasta llegar a mi destino. No gano mucho, así que no me puedo permitir otro medio de transporte. En el fondo me gusta este trajín incesante..." Continua en el enlace: Relatos y Tinta: Los Moradores del Metro

3.6.15

La mujer pájaro

La mujer pájaro se acurrucó desnuda en un nudo de pensamientos. Era lo hora de la pesadilla y por los patios de vecinos subía un tufo impreciso a cenas y peleas. Nadie vendría a sacarla de su pequeño juego estéril. Nadie le lavaría la cara con la toalla rasposa. Estaba sola, acechando su propia sombra, dispuesta para cercenar la perezosa violencia que se escapaba repulsiva por las ventanas. En el fondo ella era una superheroina. 
La mujer pájaro silenciosa esperaba. Hasta que oyó el llanto del mismo niño de siempre. Un diminuto niño de hilo y pestañas que no podía dormir porque su madre lo amamantaba con sangre de alga. Tan delgada estaba que de sus pecho no salía más que rabia. Y el niño finísimo se deshacía en lágrimas. Entonces la mujer pájaro bajó por la fachada, lamiendo el yeso sucio de las paredes. Se deslizó con el pecho plano pegado a las grietas de mediocridad de sus vecinos infectos. Como una ladrona entró por la ventana, cuando la madre derrotada dormía su sueño de pequeñas pastillas. La mujer pájaro abrazó al niño; una manta de carne y plumas. El niño con ojos de viejo ancestral, la miró silencioso y entendió de repente todo el dolor del mundo. Sonrió.

Más tarde, la mujer pájaro, entró en otra casa, por otros motivos. No fue piadosa. Sobre la mesa desordenada quedaron los cadáveres petrificados de un acomodado matrimonio de elegantes tenderos. Se habían jurado amor eterno antes sendos platos de pasta fría. Ahí se quedaron, mudos y tan fríos como la cena.

La mujer pájaro estaba cansada. Por aquella noche no habría más trabajo. Todo estaba en orden.

16.1.14

El niño escorpión


Ilustración de Ali MissGum
El niño escorpión es mi niño. Le abrazo y él me pellizca suavemente con sus duras pinzas. Pero yo le quiero igual. ¡Ay! El amor de una madre es así. Mi niño escorpión no es como los demás niños. Se me enrosca al cuello y me mira con esos ojos suyos tan peculiares y yo me siento querida. Es algo grande y difícil de explicar. En realidad nadie me entiende. Quieren llevarse a mi niño escorpión a un sitio para curarlo. Pero mi niño no está enfermo. Mi niño es así. Y una madre ha de querer a sus hijos por encima de todo, ¿qué me importa a mí lo que digan ellos? Ellos que no lo han tenido dentro, esperando el día de poder abrazarlo y darle un nombre. Un nombre para mi niño escorpión, pero no lo encuentro. Y aquí entre tanta gente estúpida y cruel no puedo encontrarle a mi niño el nombre que merece. Yo sé, en el fondo de mi alma sé, que este niño especial algún día hará grandes cosas. Les callará la boca a todos esos extraños que juzgan nuestro amor, que le quieren poner etiquetas a todo. Que quieren analizar, descuartizar el amor, porque ellos no saben amar.
Llevo a mi niño enroscado al cuello. Es su forma de darme cariño. Es tan pequeño y frágil… Aunque tenga esa coraza que parece inexpugnable y esas amenazadoras pinzas que tantas veces me pellizcan sin maldad. O esa cola con el aguijón y sus ojos pequeños y agudos. Yo sé que cuando se me enrosca así es amor. Puro amor, cómo sólo una madre y un hijo pueden tener. ¿Qué me importa a mí qué ellos no lo entiendan?
Ayer lo noté más reservado de lo normal. Estaba muy callado, yo intentaba alegrarlo y jugaba a tirarle de las pinzas. Me lo llevé al parque para que se pusiera a jugar en los castillos de madera pero los otros niños gritaban y salían corriendo al verlo. ¡Qué crueles son los críos! Necios sin piedad escrutando la naturaleza de mi pequeño. ¿Cómo se atreven? Y los padres y madres, estirados con cara de asco, odiosos en su perfección, mirando por encima del hombro. Desaprobando a mi pequeño y mi forma de educarlo. - No debería acercarse tanto a los otros niños. La madre no debería traerlo aquí. - ¡Malditos todos! Cogí a mi niño en brazos y me lo llevé de allí. Ahora él está aún más serio, y me mira muy solemne. Me pregunta porqué él es diferente. Lo miro con lágrimas en los ojos y le digo que él es mi pequeño escorpión, que yo lo quiero más que a nada en el mundo, que siempre tendrá a su madre. Le digo que los otros niños son tontos, y malos y no merecen nuestra atención. Él asiente, como comprendiendo algo muy profundo. No me habla ya en todo el día. Esta noche no lo encontré en su habitación. Le llamé con mil nombres cariñosos. Le susurré mi amor, mi amor, ¿dónde estás? y él no apareció.
Esta mañana lo encontré en su camita. Estaba resplandeciente. - Mamá, ya no soy tan diferente. Me dijo feliz. Yo no entendía muy bien ese cambio de humor, lo cogí en mis brazos y él me dio un pequeño pellizco, de broma, en la mejilla.  Entonces empecé a oír los gritos. Los alucinados gritos de los padres y madres al despertar y descubrir que algo horrible le había pasado a sus hijos. Mi niño me miró orgulloso, esperando mi aprobación. Yo abrí mucho los ojos, y vi por primera vez lo desmesurado del amor. - Eran malos, mamá. - Me dijo mientras agitaba sus pequeñas pinzas.
- ¿Pero qué has hecho, pequeño?- 
- Ellos... ahora son...son...- Pero no acaba su frase. Se me queda mirando extrañado por mi pregunta.
- No podemos quedarnos aquí.- Le digo, con la voz rota. En ese momento me siento terriblemente cansada.
- No quiero irme, mamá.
- Hijo mío, debemos irnos antes de que sepan lo que has hecho. Mi dulce, dulce niño escorpión. Lo que hemos hecho.
- Los niños no están muertos, mamá.- Me dice con calma. - Los niños serán como yo. Serán hermosos niños escorpiones y juntos podremos ir al parque a jugar.
Me quedo muda de admiración y dolor. Ahora entiendo la soledad infinita de mi pequeño. - Estoy orgullosa, amor mío.-  Le digo. - Eres listo, pero ellos vendrán a por ti. Ahora querrán matarte. Vayámonos, lejos.
El niño escorpión se agita nervioso. - Pero yo no quiero ser diferente. - Me grita enfurecido.  -¡ Es culpa tuya, tuya mamá!
Lo miro consternada. Bajo la mirada para contemplar de cerca sus diminutos ojos. Entonces entiendo que mi niño es realmente un escorpión y que no tiene lugar en este mundo. Ni mi amor de madre puede con esto. Me clava su aguijón en el corazón y el dolor es tan intenso que el mundo se transforma en una mancha gris palpitante. 

Ahora el niño escorpión está solo.
Los otros niños escorpiones murieron, quizás a manos de sus propios padres.
La madre del niño escorpión se retuerce morada en el suelo. En sus ojos, el amor. Amor, amor por su pequeño. Amor infinito. Mientras, la vida abandona su cuerpo. - Ya sé tu nombre, susurran sus secos labios,-  te llamaré... - Y se apaga del todo.
Nadie en este mundo le querrá igual. El nombre del niño escorpión se va con ella.

El niño escorpión necesita una nueva mamá. Una que le quiera tanto como para ponerle un nombre.
El niño escorpión abandona la casa. 
Se lleva con él todo el amor del mundo.

31.5.12

A bocajarro

Los días de crisis me afectan más de lo necesario. Intento centrarme, sin éxito, en la búsqueda de empleo, de sentido, pero me mareo a mi misma en un eterno ir y venir por los bordes de la nada. Me ha dado por leer otra vez, todas las obras de horror de Stephen King, las buenas, las malas, todas las que puedo.
Incluso leo poesía. Devoro historias como una buena bulímica de las palabras. Quiero escribir algo de terror y poesía, algo sublime. Pero no sé por donde empezar. Qué camino seguir...
Las cosas no deberían ser así, ahora que tengo 33 años, las cosas deberían ser de otra manera. Quizás con hijos, pero seguro con un trabajo estable. Mira por dónde, ha dado la casualidad, o no, que he caído de bruces en esta época de caos y de guerras económicas y mundiales encubiertas, y no hay espacio para los jóvenes. No hay sitio para las cosas buenas. Sólo malas noticias, cuestiones sin resolver, miedos compartidos, políticos apocalípticos y villanos ricos. Esto no es para mí, y me salpica toda esta mierda y estoy hasta el cuello. Ni siquiera el abrazo amoroso y seguro del hombre que comparte conmigo esta vida, me puede ayudar. Porque no es suficiente con que te quieran tal como eres. Eso no es suficiente para una mujer laberíntica como yo. Ahora tendría que gritar muy alto, algo, algo que me sacara de este ombligo cósmico de conmiseración y desidia. Esperando que el mundo se acabe, me mezco confusa a la espera de que ese algo bestial me arranque de mis lamentaciones y me empuje a la acción. ¡Yo, una mujer de acción! Y no la niña temblorosa que se enrosca sobre el dolor y piensa que con los besos y los versos, quizás, se mate a polvos esta vida de crisis y decepción...

Puede que la única solución sea escribir a bocajarro.

Y esperar un milagro.