10.11.15

Porque la tristeza es un palacio con corrientes de aire

Hay un palacio que habito despacio desde los tiempos de mis diarios infantiles. En la niñez  a través de las palabras escritas me construí un lugar seguro, alejado del ardor de mi compleja familia. Luego fui creciendo deprisa, rápido, para llegar lejos, fuera, lejos de todo aquello que no era nada y lo era todo. Me fui untando de una tristeza densa y protectora. Habité mi palacio. Un lugar mágico, recóndito. Mío. Lleno de palabras precisas y etéreas. Un lugar para soñar y saltar a través del espejo, atravesando la densa atmósfera que me tocaba respirar.
Hacía las cosas correctas. Y me peleaba con mis hermanas. Con determinación, entregada a la furia cotidiana. Todo era normal. Pero por las noches corría descalza por mi palacio lleno de corrientes de aire y esquivaba las lágrimas que como dardos me lanzaba la realidad a través de la rutina de las cosas pequeñas. Yo huía. Era la reina en mi palacio y jamás cogí un resfriado en aquellos páramos salvajes de mi imaginación. En los helados confines de mi laberinto interior me sentía libre como una gata bajo la luna.

Hice lo que tenía que hacer. Fui creciendo. Me enamoré. Muchas veces. Nunca fui correspondida. Escribí poemas hermosos y raros, malos en definitiva y muy auténticos. Los escondí en mis cajones. Salté precipicios desde las ventanas de mi palacio de la tristeza. Fui feliz a mi manera.

Y ahora, a veces, cuando nada falla en realidad, quiero volver a mi lugar sagrado. Entonces llega una canción como ésta y me lleva de la mano, de nuevo a aquel palacio de elaborados pasillos y oscuras habitaciones pobladas de sueños e ilusiones truncadas. En el fondo sigue siendo un buen lugar. 

Por eso vuelvo siempre. Porque es mi verdadero hogar.

25.9.15

Relatos y Tinta: MUERTOS

La imagen de Aylan Kurdi seguirá por siempre tatuada en mi memoria, en las entrañas de toda esta sociedad que se ve golpeada por la ola que hace tiempo agita el mundo. Y sí, nos incumbe, y sí podemos hacer algo más que lamentarnos u olvidar. Podemos dejar de estar quietos y expectantes, dejar de estar muertos.
Espero que este poema, surgido del dolor, del impacto en mi corazón por el drama de los refugiados y la guerra, sirva para remover consciencias, en su momento me sirvió a mí para reaccionar, para no quedarme inmóvil.

http://www.relatosytinta.es/muertos/

16.8.15

Relatos y Tinta: Los Moradores del Metro

Aquí os dejo con mi colaboración quincenal en Relatos y Tinta. Espero que los que cojáis el metro habitualmente no dejéis de hacerlo...A pesar de estos peculiares moradores.


"Cada día voy en metro al trabajo. Es un trámite necesario meterse en las tripas de esta oxidada ciudad y atravesarla por debajo hasta llegar a mi destino. No gano mucho, así que no me puedo permitir otro medio de transporte. En el fondo me gusta este trajín incesante..." Continua en el enlace: Relatos y Tinta: Los Moradores del Metro

7.8.15

Relatos y Tinta: Atrapada

Estoy encantada con mi nuevo proyecto literario. Ahora pertenezco a la família de Relatos y tinta. Todo un honor. Espero aportar buenos relatos y aprender mucho. Aquí os dejo, Atrapada, mi primera aportación. Pronto vendrán más. Ahora disfrutad de esta muñeca rota, de esta historia en espiral por los lodos de una relación muy peculiar.

Un abrazo.

http://www.relatosytinta.es/atrapada/

29.7.15

Lilith



Hoy es una calurosa noche llena de mosquitos y humedad. Ha llovido, terrible lluvia que viene a empañar los cálidos días estivales... Cada noche necesito la suave luz de la luna. Adoro la serena paz eléctrica de las noches de verano. Pero aquí refugiada en este elevado castillo no puedo salir. Gruesos barrotes de hierro me impiden volar. Deslizarme feliz y desnuda como una dulce criatura de la noche. Lilith me llaman. Sí, me han encerrado pero ellos no saben nada...No saben que soy capaz de transformarme en niebla vaporosa y huir con la luna a través las rejas de esta estúpida prisión.Puedo deslizarme, si así lo deseo, hasta llegar a tu casa. Estás cerca, mucho más de lo que puedas imaginar. Puedo ver desde aquí como duermes o sueñas. Me dejaré llevar por los cálidos vientos del sur y me colaré en tus más oscuros sueños... Pero sólo si me invitaras a pasar. Ya sabes que nosotros, los vampiros, somos gente educada y no entramos sin invitación. Yo sé que quieres, que me quieres dejar traspasar los límites de la cordura, de la realidad, pero algo grita en tu interior, algo se resiste al hechizo de Lilith.



A veces llueve tan fuerte aquí arriba que siento la soledad clavarse como un aullido mortal en mis carnes inmortales. La lluvia, siempre la lluvia, que me trae el recuerdo de las lágrimas derramadas, ¡oh, tantas!, y me deja paralizada de terror. Entonces no puedo escapar, me quedo atrapada en esta torre sin sentido, sola y vencida. Yo, la poderosa Lilith, la Reina de la Oscuridad, la dama de fuego del otro lado del espejo, me quedo de piedra, como una estatua perdida en un laberinto de silencio. Maldita la lluvia del recuerdo que me ahoga...


Susurro tu nombre en las alturas, ¿me invitas a pasar?

28.7.15

Abrazo de espinas

Tienes las manos de escarcha. Cuando me tocas el frío se instala en mi piel,  me traspasa hasta el hueso. Pero si no me tocas me muero. Me pregunto por qué esa necesidad de estar contigo. Tú nunca me has amado demasiado, ni con locura ni siquiera con rutina. Llegas a mí en la noche, como un ladrón de sueños y me pides mi cuerpo. Un minuto de eternidad y hasta tus manos se derriten. Te doy mi cuerpo, mi aliento, cada centímetro de piel y sudor. Y cuando te entrego el alma, tú te levantas y huyes.

Pienso todo esto rumbo a mi nuevo hogar. El tren avanza rápido y silencioso. A mi lado hay sentada una mujer mayor. Está dormida, parece cansada pero contenta. Quizás de su vida, o de una buena comida que acaba de degustar. Quizás sueñe con años mejores, en los que era joven y bonita y alguien amado la abrazaba por la cintura.
Si miro por la ventana veo deslizarse el paisaje y yo con él me vierto en recuerdos que me alejan del sueño.
No puedo dormir. Hace siglos que no duermo como Dios manda. Sólo me logro zambullir en el mar de Morfeo cuando tomo mis pastillas. Si cierro los ojos mi mente se vuelve un laberinto en espiral con todos mis malditos recuerdos. Pero ¿qué recuerdos? A veces tengo la extraña sensación de haberlos simplemente soñado cuando aún podía dormir. No, no puedo engañarme. Por desgracia los recuerdos son reales, y sacuden mi corazón como los traqueteos de este tren.

Te conocí un día cualquiera. Eso no importa demasiado. La verdad, cuando te vi la primera vez y charlé contigo pensé que eras un tipo más bien prescindible, sin nada que contar. ¡Cómo engañan las apariencias! Quién me iba a decir a mí que aquel hombre serio, callado y distante iba a cambiar mi mundo con sólo un gesto. El amigo de un amigo. Gran carta de presentación. Luego, al hablar, pues eso, que me confirmaste las primeras sospechas. Me lo dijeron tus escasa palabras, algunos titubeos y lo más delator fue tu falta de interés por nada de lo que estaba sucediendo en aquella fiesta. No bailabas, no reías las gracias, no bebías y apenas decías nada. Allí estabas como un monumento al hombre lejano. Pero de repente me sonreíste, justo cuando me iba a marchar rumbo a zonas más cálidas. Me sonreíste con tanta dulzura que me hiciste dudar, ¿acaso nos conocíamos ya y yo no te había reconocido? También pensé que te burlabas por algo que había dicho. Opté por la salida más airada y airosa. Me encaré. ¿Por qué te sonríes? Te increpé furiosa, ya que tu sonrisa no sólo no había desaparecido sino que empezó a hacerme un daño insólito. Me pregunto tantas veces por el motivo que realmente me retuvo allí a tu lado, cuando todos se habían ido a hacer cosas mejores. Quizás estaba esperando esa señal, esa sonrisa delatora. - De repente me he acordado de ti, dijiste con una voz grave que me desconcertó. Y empezaste a hablar de cuando éramos niños y jugábamos a contar estrellas en el pueblo de la costa donde veraneábamos. Se me abrió el cielo del conocimiento. Eras tú, mi dulce amigo de la infancia, mi primer y tímido amor. Pero, ¿cómo no te había reconocido? Sonreí como una tonta, alelada por los brumosos recuerdos. Pedí disculpas sin saber muy bien porque me disculpaba. Entonces la conversación cambió. Todo cambió porque empezamos a hablar de cosas reales y ambos nos centramos uno en las palabras de la otra y viceversa. 

La mujer se acaba de desvelar. Paladea sonoramente mientras se arregla las ropas y parpadea incómoda por el exceso de luz que entra por la ventana. Me pide con un gesto simpático que corra un poco la cortinilla. Y sin más se vuelve a zambullir en sus sueños. La miro y no puedo evitar sonreír con ternura, me recuerda a mi abuela. Es grato pensar en ella, me aleja por un momento de ti, de toda tu oscuridad. Ella era tan cariñosa y compresiva conmigo... Ahora ya no está y la echo tanto de menos... Siento que ella me ve, me protege porque la siento de una forma muy peculiar cerca de mí a pesar del tiempo que hace que ya no está entre nosotros.
Mi mente es tan traicionera... Ahora que me había adormilado un poco pensando en mi querida abuela, vuelve al ataque con tu imagen.

A partir de esa noche no pude dejarte en ningún momento. Nos fuimos juntos a contar estrellas y lunares en el cuerpo del otro. A contar marcas de nacimiento, cicatrices en las rodillas, tatuajes secretos. Todo el tiempo era insuficiente para explorar tanta belleza salvaje puesta bajo las yemas de nuestros dedos. Hicimos el amor; primero con las palabras, hasta la extenuación del intelecto. Y así, vencidos de argumentos, sin nada más que contarnos, dejamos hablar al cuerpo su propio lenguaje clarividente y revelador. Ese fue el hacer el amor definitivo y perturbador que mi alma había estado buscando en cada cuerpo, en cada alma. ¡Ah, pero que engaño, mi dulce traidor!
Así estabas creando un pozo para mi desdicha, atándome a tu cuerpo para una eternidad.

Pronto se hará de noche. Al amanecer llegaré a mi nueva ciudad. Un nuevo trabajo y una casa por estrenar, con nuevos vecinos y amigos por conocer, me esperan con los brazos abiertos. O eso creo. Necesito esta oportunidad de volver a empezar. Porque si no echo raíces en algún lugar volveré como una náufrago a las peligrosas costas de la desolación. Y no quiero eso. Nunca más.

Recuerdo que empezaste a pedirme cosas extrañas que yo aceptaba como parte de un juego maravilloso y único. Era mi forma de decirte que te quería con locura, que tú eras mi alma perdida y encontrada. Pero tú estabas demasiado centrado en explorar nuevas posturas o extravagancias conmigo como para preocuparte del alma y esas minucias. No fui capaz de verlo, sólo sentía que tu cuerpo era mi cuerpo, y que tu deseo aumentaba con cada encuentro. Mi deseo, sin embargo, fue decreciendo a medida que veía como el resto de mi vida no casaba para nada con nuestra nueva y desconcertante manera de vivir. Perdí amistades, me fui alejando de todos. Sólo me importabas tú. Dejé mi trabajo por un proyecto estúpido que me propusiste. Todo lo dejé por ti. Fui dependiente hasta la extenuación. Y tú, a medida que veías lo que podías hacer conmigo te volviste cruel y despiadado. Incluso llegaste a despreciarme cuando era de día para sólo acercarte a mi al caer la noche. Por el día tenías a otras. Podía olerlo en tu piel, en tu aliento. Tú te reías y me dejabas con la duda como si te complaciera verme sufrir por celos.

Me levantaré un rato para estirar las piernas. Empiezo a tener un poco de hambre. Sería bueno que me acercara al Bar y pidiera un bocadillo de algo. O tal vez un café. No creo que pueda aguantar nada sólido mientras esté en el tren. Mi compañera está despierta y mira distraída una revista de cotilleos. A veces se sonríe, casi con malicia. Me hace gracia esta mujer con la que apenas he cruzado unas cuantas palabras de cortesía y unos pocos gestos de amabilidad. Mejor un café. Bien cargado para que me sea imposible soñar y volver a las pesadillas. Ahora con la cafeína por mis venas me acurruco en mi asiento dispuesta a pasar una larga noche sin sueños. Pero la naturaleza humana me traiciona, otra vez. Sin saber cómo es posible caigo en un sopor de pesadilla en el que te veo una y otra vez sobre mí, con esa cara de expresión glacial. Y oigo tu voz que araña mis sentidos pidiéndome una última locura: Una orgía en una casa abandonada. Participar con aquellos desconocidos para mí en un encuentro fuera de toda norma y razón, fue la última entrega que pude hacerte. Me veo a mi misma degradada, humillada, usada a tu voluntad y a la de otros sin rostro pero con manos pesadas cómo lápidas. Todo era tan irreal y dañino, tú eras mi peor droga. Me dejé llevar al borde de la locura. Malditas horas de perdición. Yo sólo te quería a ti y me dejé arrastrar. Pero algo dentro de mí se rompió para siempre y salí huyendo de aquella casa infernal.
Un ruido fuerte me ha despertado. Estoy desorientada y cansada. Tan cansada...
De repente me sorprenden los ojos atentos de mi compañera de viaje. Me mira en silencio con una extraña expresión que no acabo de discernir debido a la oscuridad.
- Hablaba en sueños, me dijo con voz suave, se la veía angustiada. La mujer me mira casi con ternura, me siento abrumada por una extraña sensación de irrealidad. Si quiere hablar sobre lo que le pasa...Me murmura amable. Algo en ella me da tanta confianza, me siento tan necesitada de afecto y comprensión que sin saber cómo empiezo a hablar. Un caudal de palabras sale de mi boca, me voy deshaciendo de tu veneno y ella simplemente me escucha y pregunta lo justo. Ella está allí para mí. Me siento agradecida. Los ojos se me inundan de lágrimas cuando me dice:
- Cuando llegues a tu nuevo hogar quema todas sus fotos, todo lo que te recuerde a él tíralo. Borra su número de teléfono y nunca jamás le busques ni te pongas en contacto con amigos en común. Sólo así te liberarás de parte de los recuerdos. Lo demás es cuestión de tiempo. Recuerda que tú has sido más fuerte que él. Vas a ser capaz de empezar de nuevo. Y no te preocupes...Siempre estaré contigo...

-Próxima parada... Grita el revisor. Me remuevo inquieta en mi asiento y abro los ojos con el corazón palpitante. No hay nadie en el asiento de enfrente, mi compañera ya no está. Pero yo me siento feliz, liberada. He llegado a mi destino. Lo que ha pasado esta noche no sé si ha sido un sueño o una alucinación producida por las noches sin dormir. Pero sé que ya no volveré a tu abrazo de espinas. Nunca más dejaré de ser yo para hundirme en tu oscuridad. He llegado a mi parada y sé que jamás volveré a contar estrellas con aquel niño extraño. Aunque dentro de mí algo se aferra a tu veneno, sé que venceré porque soy fuerte y no estoy sola. Nunca más estaré sola.



Noelia OC


Jugando al póker con la Reina Araña

Hay días oscuros dónde la sombra de la mediocridad me aplasta hasta el fondo del colchón. Hay noches de duermevela que se me revelan como hostiles puñaladas a mi corazón de tinta. Entonces me siento un poco triste, melancólica. Antes podía usar esa tristeza para abrir en canal a la puta mediocridad, destriparla sin compasión y sacar un cuento macabro o un poema delicado como las alas de una mariposa a punto de arder. Pero llevo tiempo enredada con la Reina Araña, que se come uno a uno todos mis intentos por crear algo. Algo hermoso que perdure, que toque los corazones, que arrance suspiros de terror o de inquietud de mis incautos y escasos lectores. Algo. Nada.

Nada.

Pero, de repente, en mitad de lo inmenso de la red, alguien ve algo. Alguien es capaz de ver en mis palabras ese algo que yo creo perdido. Sólo por eso sería capaz de matar de una vez a la maldita Reina Araña, matarla con su propia tela y, de una vez por todas, lanzarme a crear para no sucumbir a la vulgaridad de ser tan mortal y tan falible.

Por eso, gracias Miki Soria por tu Póker de Reinas. Tus palabras no caeran en saco roto. Ni las mías.

30.6.15

On fire

Estoy en llamas. Arde mi pelo. Quiero gritar y el grito me quema la garganta. Estallo con el fuego abrasador que consume la risa. Salto precipicios, descarrilo trenes, reviento globos de helio y entro en erupción. Soy la diosa de alguna perdida civilización que adoraba volcanes. Soy pura llama. En estos tiempos de miseria y cenizas yo ardo como la poderosa ninfa, entraña de la tierra viva. Yo quiero justicia. Yo soy una habitación en llamas con las puertas selladas. Soy el muro de Berlín en brea y llamas. Soy un árbol de brazos electrocutados, ardiendo sin piedad bajo el sol del desierto del Gobi. Alucinada con todo este mundo que me ha tocado vivir, con toda la inmundicia de mi amado país explotando en las caras de los debilitados ciudadanos. De los que tragamos veneno y cuchillos y cenizas de cadáveres, de los cuerpos mutilados de nuestros hermanos. Los valientes, las heroínas,  que han caído en la hoguera de esta sociedad en llamas.
Ardan todos los corruptos, todos los sobres negros de los negros corazones que juegan con la salud de los enfermos. Ardan las manos de los cuervos que arrancan los ojos a los niños y niñas de las escuelas públicas, para que no vean, para que se adapten al nicho que les ha tocado ocupar. Ardan sus caras impávidas de avaricia sin fin. Ardan como mi corazón horrorizado. Como mis dedos indignados y mi boca muda en expresión de terror.

Porque sólo las llamas nos purificarán de esta barbarie. Fuego sagrado que limpie las zarzas y haga crecer de nuevo la ESPERANZA.

Algo nuevo está a punto de reventar en mi pecho. Sus semillas saldrán disparadas. Puede que te toquen si te quedas cerca. Puede que lo estés deseando. Así que estás avisad@. Estoy en llamas y soy contagiosa. 

Reptilia-The Strokes



28.6.15

Escaleras

La casa era pequeña, como un laberinto de arena en una botella. Las cosas siempre estaban por en medio, todo nos molestada. Tú subías las escaleras descalzo y te escondías en los armarios de la ropa blanca a leer poemas de Anne Sexton y a suspirar con cosas que ya no estaban allí. Yo salía al diminuto jardín a regar las plantas, a cazar mosquitos y a beber lentamente cervezas frías que nunca me emborrachaban. Por la noche subía las escaleras para verte, quería darte un beso y rozarme las mejillas con tu barba de dos días. Pero a veces no te encontraba en el minúsculo piso. Habíamos creado universos paralelos y en esos espacios ilimitados nos sentíamos demasiado cómodos como para buscarnos de verdad.

Había demasiadas escaleras que no iban a dar a ningún sitio.

Escaleras que eran como un laberinto.

Y allí seguimos, perdidos, para siempre. Hasta que uno de nostros encuentre en centro. O la salida...



3.6.15

La mujer pájaro

La mujer pájaro se acurrucó desnuda en un nudo de pensamientos. Era lo hora de la pesadilla y por los patios de vecinos subía un tufo impreciso a cenas y peleas. Nadie vendría a sacarla de su pequeño juego estéril. Nadie le lavaría la cara con la toalla rasposa. Estaba sola, acechando su propia sombra, dispuesta para cercenar la perezosa violencia que se escapaba repulsiva por las ventanas. En el fondo ella era una superheroina. 
La mujer pájaro silenciosa esperaba. Hasta que oyó el llanto del mismo niño de siempre. Un diminuto niño de hilo y pestañas que no podía dormir porque su madre lo amamantaba con sangre de alga. Tan delgada estaba que de sus pecho no salía más que rabia. Y el niño finísimo se deshacía en lágrimas. Entonces la mujer pájaro bajó por la fachada, lamiendo el yeso sucio de las paredes. Se deslizó con el pecho plano pegado a las grietas de mediocridad de sus vecinos infectos. Como una ladrona entró por la ventana, cuando la madre derrotada dormía su sueño de pequeñas pastillas. La mujer pájaro abrazó al niño; una manta de carne y plumas. El niño con ojos de viejo ancestral, la miró silencioso y entendió de repente todo el dolor del mundo. Sonrió.

Más tarde, la mujer pájaro, entró en otra casa, por otros motivos. No fue piadosa. Sobre la mesa desordenada quedaron los cadáveres petrificados de un acomodado matrimonio de elegantes tenderos. Se habían jurado amor eterno antes sendos platos de pasta fría. Ahí se quedaron, mudos y tan fríos como la cena.

La mujer pájaro estaba cansada. Por aquella noche no habría más trabajo. Todo estaba en orden.

21.3.15

Uñas rojas, labios resecos.

Uñas rojas, labios resecos.
Me he bebido las dos copas de vino de más y dan en la tele Malditos bastardos. He pintado monas en papel del bueno y tomado helado con café en vaso de barro. Pero siento que algo no va bien, que algo muy pesado tira de mí hacia abajo, hacia el centro de la tierra. Todo se precipita sobre mi pecho callado, y las lágrimas no salen. Cómo me gusta esta película, Tarantino a lo loco pero con historia. Me pone. Ahora toda la casa huele a esmalte de uñas y estoy un poco borracha. Pero ya no estoy tan triste como ayer. O cómo hace un rato. Es como si la pintura, el alcohol y los disparos se hubiesen llevado mi tristeza. Afuera sopla un viento arrollador, de pesadilla King y todo parece encajar dolorosa pero precisamente en mi interior. Las piezas del puzzle. Cada capítulo superando al anterior hasta un cierre alucinante. Como en Malditos. Porque a mí me gustan las pelis así. Muy a lo bestia, pero que transmitan algo, joder. Estoy harta de bobadas. De romanticonadas. De chorradas de ésas que te dejan seca por dentro. Como mis labios. Labios que relamo porque aún saben un poco a chocolate.
Y ya está. Voy a recoger esto un poco y acabaré de ver la peli.
Buenas noches.


15.2.15

Lo que quiero

La noche se cierne sobre mi frente. La vida es un suspiro. Quiero vivirla intensamente, a pesar de la oscuridad. Agitarme contra el miedo. Triunfar. Y si no, por lo menos que me quede la poesía. Las palabras escritas, atrapadas en su tinta. Si pierdo, que quede mi recuerdo, solemne, recortado contra el mismo cielo. Un silencio de palabras tan hermosas como efímeras flores de lluvia.
Eso quiero.

Eso dejo.

7.11.14

La mosca en tu pared o mi amor por Vetusta Morla

La mosca en la pared observa mi desgracia. Testigo mudo de mis horas bajas. 
Yo le supliqué que lo escuchara todo, que se quedara. -Serás la guardiana de mi secreto, le susurré en sueños.
La mosca observaba mientras yo me perdía en el fuego negro de las pesadillas. 
Ardía mi frente. La mosca agitaba un poco sus patas. Las frotaba inquieta contra sus ojos facetados. Un ligero zumbido sobre el confuso revuelo de sábanas húmedas de sudor.
-Quiero que veas mi dolor, pequeña. Siéntelo vibrar en el aire viciado del cuarto.
Pero mi sufrimiento era tal que la mosca prefirió volar y dejarse atrapar por la invisible telaraña del rincón. La misma de siempre. Dónde duerme paciente, la otra celadora de mi destino aciago. La araña. La reina oscura. Se dio un festín con la pobre criatura. En ese momento, caí aún más profundamente, más inconsolablemente perdida en el laberinto de cristal de mis mapas mentales truncados. 
Vienes a mí en sueños y lo sabes. Tienes ese poder sobre mí. Lo gozas. Cada segundo en mi mente, nadando a tu antojo como una piraña en la pecera de mis pensamientos. Y ya no hay mosca testigo. Pero a la araña le gustas. Le enamoras. Desde su rincón contempla complacida mi caída y mi dolor. Ella no dirá nada. Nunca le he gustado demasiado. Me vigila, para ti. Pequeño vampiro de sueños, rey de los duendes del laberinto. Ya no me quedan testigos fiables. Y me dejo atrapar una vez más. Hacia dentro, en la maraña de los reinos oscuros. Perdida de nuevo. Cayendo en espiral.


Por cierto, este pequeño fragmento está inspirado en la canción La mosca en tu pared, de Vetusta Morla. Magnífica canción, impecable álbum.

26.10.14

La reina araña


Ha vuelto. El mismo sueño que me hacía estremecer. Siento sus delgadas patas en mi cara, y su tela, la fina telaraña enredada en mi pelo. Siento su aliento en mi boca. Sus palpitaciones en mi oído. He abierto los ojos dentro del sueño como debajo del agua. Todo era turbio, oscilante. Me he deslizado hacia adentro dónde las espinas del bosque inventado eran más afiladas y remotas. Descalza. Siempre vuelvo a ese sitio descalza, las piedras arañando mis pies. Lentamente, milimétricamente perforada por miles de agujas invisibles. Silva el viento del centro de la tierra en mi cabellera. Voy al encuentro de la vieja reina. Ella me espera sentada en su trono de huesos. A sus pies los cadáveres de los hijos no deseados. De los impostores. Quiero que ella me lama la cara, me llene de miedo. La deseo tanto que no puedo contener mi impaciencia. No entiendo lo que pasa. Sólo siento. Y me dejo llevar descalza por los más oscuros anhelos. La reina araña me contempla con sus múltiples ojos pulidos, helados. Quiero verme reflejada en ellos. Mataría por ser suya. Ella lo sabe. Si pudiera sonreír sé que lo haría. Pero no puede. La contemplo en todo su esplendor. Quiero ofrecerle algo valioso. Aprieto la mano contra mi pecho y clavo las uñas. Justo eso. Eso es lo que ella quiere. Se lo doy sin sentir nada. Sólo algo parecido a la felicidad. Ella devora mi corazón.
Despacio.

Y noto algo.
Algo parecido a la tristeza, cuando ya no queda nada para mi reina. Ya no puedo darle nada más. Entonces ella chilla furiosa, hambrienta. Quiere más de mí. Miro mi pecho abierto y vacío. Lloro. No puedo darte nada ya. No puedo. Ella no comprende. Se lanza furiosa sobre mí. Despierto. 
Aún noto su aliento en mi cara. Y escucho el crujir preciso de mis huesos bajo el poder de sus mandíbulas. Vuelvo a sentirme extrañamente feliz. Mi reina, mi diosa de lo oscuro y lo maldito, ha sabido sacarme partido. Ya no queda nada de mí.

Y el sueño termina.

28.8.14

Hurt

Ponme la piel de gallina,
hiéreme con tu canción desgarrada.
Dime que sí, que ésta es de las que no se olvidan.
Quiero oírtela cantar con tu voz de ceniza.
Arráncame la razón y el tedio
porque la herida sangra, y tu voz me salva.
Me arrastra.
Me deja
caer
pero no me estrello.
Aquí sigo, viejo.
Cántame, aráñame
desde el sueño.

Hoy es un día de esos...



16.7.14

La vuelta de la esquina


Han quedado expuestas las raíces de nuestro árbol. Las veo gruesas retorcerse bajo el sol. Si cierro los ojos aún puedo ver las venas de tus manos, tus ojos cansados, tus pies, tu pequeño cuerpo mientras lo abrazo. Se ha quedado mudo tu sillón orejudo y el silbido entre tus labios. Ya no hay tiempo para contar cuentos. No quedan dulces escondidos por los bolsillos. Ha pasado el tiempo de los juegos. 
 Ahora vienen los años como espinas oxidadas, y ya sólo vivimos de tus recuerdos: fotos descoloridas, sonidos difusos, recuerdos de una bicicleta viajera... Y tu voz. La voz es lo primero que se olvida, lo que no se piensa que jamás pueda ser olvidado. Es un sacrilegio. 
Como la muerte. La maldita muerte que es una trampa, puro veneno. Pero la muerte es paz, y duele a pesar de ser buena a su manera. Yo no lo quiero entender. Pero lo entiendo. Aunque me duelan los ojos por dentro. Porque entiendo que todo es un círculo y que tú estarás con ellos al otro lado del cerco, a la vuelta de la esquina. Esperando a que todos caminemos juntos, como quizás no lo supimos hacer en vida.

Mientras tanto el mundo con sus guerras y sus fiestas sigue rodando. También con sus niñas hermosas y fuertes, con sus hombres y mujeres valientes, que siguen adelante. Con todo el amor y el coraje, con ganas de encontrar sentido a todo esto. Aunque no lo tenga. Porque lo necesitamos, necesitamos ese significado para seguir. En busca de la felicidad...

Pasarán los días como espinas oxidadas, pero también cómo árboles en flor que se enfrentan al vendaval, triunfantes a pesar de todo. Eternos en su finitud. Preciosos.

Adiós, abuelo. Quiero recordarte a lomos de tu bicicleta, bajo el sol de Barcelona. Feliz, ligero como el viento. Triunfante sobre la muerte. Lejos de los últimos años, malos, retorcidos, culpables. Lejos... 

Hasta la vuelta de la esquina.




14.6.14

Desafío

Tan azul que hiere lo secreto de mi piel.
Tan profundo que me arroja a lo oscuro.
Tan cerca que siento su aliento en mí.
Tan dentro como un insecto.

Así viene su recuerdo
a poblar mi mente de mentiras.
Viene venenoso y homicida
a clavarme sus espinas.

Pero no lo quiero.
No quiero su peso incierto,
ni su cuchillo en mi cuello,
ni su hedor a romance,
ni mi miedo.

No lo quiero.
Exorcizaré el azul y lo oscuro.
Para sacar al gusano
de mi corazón herido.

Quemaré todas mis naves
frente a la costa de la desolación.

Mi cuerpo
no es lugar para tanto hielo,
no hay espacio para lápidas
ni arsénico.
Digo adiós a sus aguijones
y a sus besos muertos.

Cierro con mil llaves y candados
los secretos de su sexo despiadado
y seductor.

Porque yo soy la dueña de mis barcos:
capitana de mi alma
y mi dolor.


18.4.14

Maldita canción

Las palabras fueron avispas, siempre avispas asesinas en mi boca vencida. Siempre fue demasiado tarde para nosotros. 

Nos mordíamos los labios, nos arrancábamos la ropa y la razón. Pero estábamos en la lista de promesas a olvidar, en la larga lista que guardo desde entonces en lo más oscuro de mi corazón. No podiamos ser. No fuimos más que un sueño. Un fuego ajeno, una eyaculación sin sentido en el centro del olvido. La chispa adecuada, la que no pudo ser. La que hizo arder mi pelo y tus manos en mis pechos. La que me reventó por dentro, la que me elevó al cielo, al precipicio de tus desvelos. 

La última vez que te besé era verano y la cuesta hacia mi casa, el infierno. 
Aún guardo tu aroma enredado entre los dedos y esta canción, esta maldita canción que como un mantra deliberado me ancla al pasado y al desamor. 

Por eso te escribo rosas como espinas, largas, afiladas, trepando por tu recuerdo hasta el centro del dolor. Porque ya no duele, y en el fondo (niña mala), en el fondo siempre he echado de menos esos años amargos e inocentes.



Eras mil tormentas. Y eras increible.


;)






26.3.14

Laberinto (dentro del)

He caminado por el laberinto de las espinas. Y sigo en él. Ahora estoy quieta mientras la rueda gira. Bola de cristal roto que rueda y rueda sin fortuna y sin sentido. Tengo los pies atados. Las manos en carne viva de intentar aferrarme a los bordes de la nada. Doy la vuelta sobre mi misma y caigo en espiral sobre mis propios miedos. Son miedos pequeños comos piedrecitas del camino en los zapatos. Piso fuerte y siento como se laceran mis dedos, la planta de mis pies. La sangre brota lentamente y me recuerda lo efímero del dolor. Lo solemne. Lo absurdo. Saboreo el daño. Me recreo. Y piso más fuerte. Las piedras se instalan bajo la piel. Para que nunca olvide. No olvido. Ya no.

Espantoso laberinto. Monumento a mi fracaso. Palacio de mi desgracia. Seré la reina perdida, la silenciada. Pero seré LA REINA de mi desdicha. No me doblegaré a nadie, ni al dolor de otros. Sólo al mío. Seré la valerosa guerrera que afronta los peligros. Seré lo que quiera ser mientras las piedras de mis pies me recuerden lo que soy en el fondo. No perder de vista mi esencia. Nunca. Jamás.

¿Quieres visitar mi reino? Para entrar sólo te pediré una cosa. Tus ojos... Son tan bonitos, tan nuevos, te los cambio por estrellas pintadas, por promesas húmedas y suaves como besos de puntillas. Si te vienes a mi laberinto te perderás conmigo y en mi. Si te cansas o te arrepientes te devolveré tus ojos. Te lo prometo. Aunque te advierto, me encantan los juegos y puede que esto no sea más que un pasatiempo. El laberinto es un buen lugar para esconderse... ya puedes entrar. Mi dolor te espera con fuegos de artificio. No saldrás defraudado. 
Ven.

11.2.14

Asesina mis lunes

Lame mi espalda. 
Dedícame el tiempo de las arañas.
Pisa mis desmayados lunes.
No los quiero.
Sólo a ti, besándome con barba de dos noches.
Sólo a ti con tu mano en mis pestañas.

Cántame algo muy loco.
Como una canción infantil dónde salga un gato.
Me gustan.
Tanto como que arañes mis hombros con tus pelos:
alambres de punta fina.

Lame mis rodillas.
No me dejes caer.
Hoy no. Maldito lunes de viento glacial.
Diez minutos dame.
Sólo diez minutos preciosos
y tú como un marinero intrépido en mis mares.

Eso es lo que necesito hoy
para que hoy sea otra cosa.
Una buena historia que contar 
a nuestros nietos inventados

Eso quiero.

Ven a poblarme el vientre de saliva
y desmanes. 
Que me importa un bledo este lunes-infierno
si te tengo entre mis muslos abiertos.

Lame el centro de todos los precipicios.
La laguna dónde se esconde la segunda 
mujer que amé
un domingo.

Y ahora te digo,
mi magnífico compañero de vida y de almohada.
Ahora te digo que haces que todos 
los lunes se mueran de rabia
porque ya no rompen la risa:
no me matan.

Tú lames mis heridas
y encuentras tesoros escondidos
en lunares y sudores
que bebemos sobre sábanas
asombradas.

Asesino de mis lunes-trampa, 
buen compañero de camino.
Lame mi espalda,
yo lameré tu corazón.
Sé que tú también los odias.
Tienes una pequeña colección de madrugones
con despertadores que explotan.
Yo también puedo con ellos.

Somos los guerreros que limpian
de maldad el calendario.
Y somos imbatibles.

(PUBLICADO EN RELATOS Y TINTA OCTUBRE 2015)