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Lilith

Hoy es una calurosa noche llena de mosquitos y humedad. Ha llovido, terrible lluvia que viene a empañar los cálidos días estivales... Cada noche necesito la suave luz de la luna. Adoro la serena paz eléctrica de las noches de verano. Pero aquí refugiada en este elevado castillo no puedo salir. Gruesos barrotes de hierro me impiden volar. Deslizarme feliz y desnuda como una dulce criatura de la noche. Lilith me llaman. Sí, me han encerrado pero ellos no saben nada...No saben que soy capaz de transformarme en niebla vaporosa y huir con la luna a través las rejas de esta estúpida prisión.Puedo deslizarme, si así lo deseo, hasta llegar a tu casa. Estás cerca, mucho más de lo que puedas imaginar. Puedo ver desde aquí como duermes o sueñas. Me dejaré llevar por los cálidos vientos del sur y me colaré en tus más oscuros sueños... Pero sólo si me invitaras a pasar. Ya sabes que nosotros, los vampiros, somos gente educada y no entramos sin invitación. Yo sé que quieres, que me quieres dejar...

Abrazo de espinas

Tienes las manos de escarcha. Cuando me tocas el frío se instala en mi piel,  me traspasa hasta el hueso. Pero si no me tocas me muero. Me pregunto por qué esa necesidad de estar contigo. Tú nunca me has amado demasiado, ni con locura ni siquiera con rutina. Llegas a mí en la noche, como un ladrón de sueños y me pides mi cuerpo. Un minuto de eternidad y hasta tus manos se derriten. Te doy mi cuerpo, mi aliento, cada centímetro de piel y sudor. Y cuando te entrego el alma, tú te levantas y huyes. Pienso todo esto rumbo a mi nuevo hogar. El tren avanza rápido y silencioso. A mi lado hay sentada una mujer mayor. Está dormida, parece cansada pero contenta. Quizás de su vida, o de una buena comida que acaba de degustar. Quizás sueñe con años mejores, en los que era joven y bonita y alguien amado la abrazaba por la cintura. Si miro por la ventana veo deslizarse el paisaje y yo con él me vierto en recuerdos que me alejan del sueño. No puedo dormir. Hace siglos que no duermo como ...

Jugando al póker con la Reina Araña

Hay días oscuros dónde la sombra de la mediocridad me aplasta hasta el fondo del colchón. Hay noches de duermevela que se me revelan como hostiles puñaladas a mi corazón de tinta. Entonces me siento un poco triste, melancólica. Antes podía usar esa tristeza para abrir en canal a la puta mediocridad, destriparla sin compasión y sacar un cuento macabro o un poema delicado como las alas de una mariposa a punto de arder. Pero llevo tiempo enredada con la Reina Araña, que se come uno a uno todos mis intentos por crear algo. Algo hermoso que perdure, que toque los corazones, que arrance suspiros de terror o de inquietud de mis incautos y escasos lectores. Algo. Nada. Nada. Pero, de repente, en mitad de lo inmenso de la red, alguien ve algo. Alguien es capaz de ver en mis palabras ese algo que yo creo perdido. Sólo por eso sería capaz de matar de una vez a la maldita Reina Araña, matarla con su propia tela y, de una vez por todas, lanzarme a crear para no sucumbir a la vulgaridad de ser t...

On fire

Estoy en llamas. Arde mi pelo. Quiero gritar y el grito me quema la garganta. Estallo con el fuego abrasador que consume la risa. Salto precipicios, descarrilo trenes, reviento globos de helio y entro en erupción. Soy la diosa de alguna perdida civilización que adoraba volcanes. Soy pura llama. En estos tiempos de miseria y cenizas yo ardo como la poderosa ninfa, entraña de la tierra viva. Yo quiero justicia. Yo soy una habitación en llamas con las puertas selladas. Soy el muro de Berlín en brea y llamas. Soy un árbol de brazos electrocutados, ardiendo sin piedad bajo el sol del desierto del Gobi. Alucinada con todo este mundo que me ha tocado vivir, con toda la inmundicia de mi amado país explotando en las caras de los debilitados ciudadanos. De los que tragamos veneno y cuchillos y cenizas de cadáveres, de los cuerpos mutilados de nuestros hermanos. Los valientes, las heroínas,  que han caído en la hoguera de esta sociedad en llamas. Ardan todos los corruptos, t...

Escaleras

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La casa era pequeña, como un laberinto de arena en una botella. Las cosas siempre estaban por en medio, todo nos molestada. Tú subías las escaleras descalzo y te escondías en los armarios de la ropa blanca a leer poemas de Anne Sexton y a suspirar con cosas que ya no estaban allí. Yo salía al diminuto jardín a regar las plantas, a cazar mosquitos y a beber lentamente cervezas frías que nunca me emborrachaban. Por la noche subía las escaleras para verte, quería darte un beso y rozarme las mejillas con tu barba de dos días. Pero a veces no te encontraba en el minúsculo piso. Habíamos creado universos paralelos y en esos espacios ilimitados nos sentíamos demasiado cómodos como para buscarnos de verdad. Había demasiadas escaleras que no iban a dar a ningún sitio. Escaleras que eran como un laberinto. Y allí seguimos, perdidos, para siempre. Hasta que uno de nostros encuentre en centro. O la salida...

La mujer pájaro

La mujer pájaro se acurrucó desnuda en un nudo de pensamientos. Era lo hora de la pesadilla y por los patios de vecinos subía un tufo impreciso a cenas y peleas. Nadie vendría a sacarla de su pequeño juego estéril. Nadie le lavaría la cara con la toalla rasposa. Estaba sola, acechando su propia sombra, dispuesta para cercenar la perezosa violencia que se escapaba repulsiva por las ventanas. En el fondo ella era una superheroina.  La mujer pájaro silenciosa esperaba. Hasta que oyó el llanto del mismo niño de siempre. Un diminuto niño de hilo y pestañas que no podía dormir porque su madre lo amamantaba con sangre de alga. Tan delgada estaba que de sus pecho no salía más que rabia. Y el niño finísimo se deshacía en lágrimas. Entonces la mujer pájaro bajó por la fachada, lamiendo el yeso sucio de las paredes. Se deslizó con el pecho plano pegado a las grietas de mediocridad de sus vecinos infectos. Como una ladrona entró por la ventana, cuando la madre derrotada dormía su sueño de p...

Uñas rojas, labios resecos.

Uñas rojas, labios resecos. Me he bebido las dos copas de vino de más y dan en la tele Malditos bastardos. He pintado monas en papel del bueno y tomado helado con café en vaso de barro. Pero siento que algo no va bien, que algo muy pesado tira de mí hacia abajo, hacia el centro de la tierra. Todo se precipita sobre mi pecho callado, y las lágrimas no salen. Cómo me gusta esta película, Tarantino a lo loco pero con historia. Me pone. Ahora toda la casa huele a esmalte de uñas y estoy un poco borracha. Pero ya no estoy tan triste como ayer. O cómo hace un rato. Es como si la pintura, el alcohol y los disparos se hubiesen llevado mi tristeza. Afuera sopla un viento arrollador, de pesadilla King y todo parece encajar dolorosa pero precisamente en mi interior. Las piezas del puzzle. Cada capítulo superando al anterior hasta un cierre alucinante. Como en Malditos. Porque a mí me gustan las pelis así. Muy a lo bestia, pero que transmitan algo, joder. Estoy harta de bobadas. De romanticonadas...