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Neil Hilborn y su poema de amor compulsivo
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Neil Hilborn y su poema de amor compulsivo, se me ha clavado en los ojos y en la garganta como un buen licor: conmovedor, abrasador, sublime. Dolor, amor, amor compulsivo y dolor. Amor. Aunque ya no exista ese amor, aunque la persona ya no te sonría y esté lejos amando a otros. Y no a ti. Y tú te quedas con todo el dolor, y el amor y la compulsión... Lo he entendido todo. Me ha llegado hasta el alma. Es la única manera que tienen los poemas de quedarse dentro, de no escaparse en un bostezo por las costuras de lo cotidiano. Ah, y verle recitar su amor compulsivo, su inmensa desesperación, ha sido la estocada final para mi sensibilidad. Ahí te quedas, Neil Hilborn, con tu poema humeante y vivo, en lo más profundo de mi cerebro. Apagando y encendiendo luces, intentando sobrevivir a ese amor descomunal que queda como una compulsión soberbia y triste, magnífica e inmortal. He descubierto también su cuenta de Twitter: https://twitter.com/Neilicorn
No tienes poder sobre mí
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No, no tienes poder sobre mí. Vienes agazapada en la sombra de mi propia debilidad, pero yo te digo a ti y ahora que ¡NO, no tienes poder sobre mí! Puede que a veces me despiste, me debilite o me asuste y entonces tú crezcas como una planta venenosa. En esos momentos me siento pequeña, perdida pero sé que en el fondo de mi alma está la fuerza para vencerte. A ti, a ti, maldita usurpadora, que vienes con mentiras a lamerme la cara. Que quieres que te quiera más que a nada en el mundo. Te cuelas en mis sueños y me susurras tus deseos de posesión. Crees que soy tuya y juegas al escondite en mis pesadillas, me cubres de telarañas los ojos para que no te vea. Para que no descubra tu fea cara mentirosa. Porque cuando te miro a los ojos, esos ojos vacíos y rotos, te veo de verdad y te desactivo. No tienes poder sobre mí. Caminaré por el laberinto de las dudas que como espinas infectadas me arañan la vida. En cada recoveco infecto buscaré tu macilenta cara desvergon...
Días así
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Un día perdido en el absoluto convencimiento de lo inútil, de lo superficial de tu vida. Así es. Y sin embargo, debajo de todo ese poso lento de desesperación, sabes que brilla algo. Sabes que algo grande está esperando nacer. Así que sí, los días así también valen la pena. Aunque sólo se vea con perspectiva, aunque duelan como puñaladas todas las horas muertas. De ellas nacerán cosas maravillosas. Seréis testigos. Hasta ese momento os dejo con mis palabras, mis sucias palabras como fotografías borrosas bajo la lluvia. De momento es suficiente. Por esta noche está bien.
Los nostálgicos
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Me llamo Felicia y vivo sola en un edifico de 7 plantas. Es nochebuena y escucho la radio arropada con una manta que tiene más años que yo. Desde Marte dan un programa rememorando los grandes festivales navideños. Mañana es Navidad y debería ser un día especial. Aquí somos tan pocos que ya casi ni se celebra. En las colonias es distinto. Allí la gente tiene un futuro. Aquí sólo nos quedan los recuerdos. Siento una punzada de dolor en mi pecho. Surge la necesidad de partir. Creo que es el momento de ir a buscar al viejo que cuenta cuentos. Pasaron muchas cosas para que yo acabase viviendo sola en un edificio en mitad de esta ciudad desolada. La memoria me juega malas pasadas pero hay cosas que no se olvidan: una guerra larga y estúpida, como todas las guerras. La enfermedad del sol... La vida en la tierra se hizo incómoda y difícil. Muchos optaron por huir a las colonias de Marte y emprender allí el nuevo sueño de ...
Pesadilla
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Entras en mi sueño con una fina telaraña de pestañas asesinas. No puedo abrir mis ojos. Me tienes aferrada a la suavidad de mi cama. Respiro agitada mientras me lames la planta de los pies. Tienes paciencia, tienes tiempo, me tienes. Entonces las paredes de mi mundo se difuminan y empiezan a crecer enredaderas y rosas con espinas como espadas oxidadas. Ya no estoy en mi cama, mis pies tocan el suelo y tengo que correr. Corro por un jardín salvaje, cosas sin forma concreta se me enredan en el pelo, se me meten en los ojos y en la boca. Me siento perseguida por algo, algo conocido, familiar, como los monstruos de debajo de la cama. Los que de niña se comían mis calcetines y las manos de mis muñecas. Sólo las manos. Me dejaban pequeñas muñecas mancilladas con diminutos muñones insultantes y despiadados. Los odiaba. Esas cosas se quedaron conmigo, aunque no les podía poner nombre. Iban detrás de mí en el sueño. Llego sin aliento al borde de un acantilado que se transforma en un largo p...
La pecera
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La pecera (fragmento I+II) Mis padres son hermosos. Muy hermosos y falibles. Viven sus vidas extrañas y preciosas. Sus burbujas de aire casi azul. En su casa, que ya no es la mía, viven mi padre y mi madre encerrados con una sonrisa pintada en los labios. Se pelean mis padres, con amor, con mucha ternura. Se escupen mis padres sus reproches, con delicadeza, con un toque de dulce ironía. Mi madre entra en perfectas espirales concéntricas y no sale jamás. Mi padre, silencioso, la ama tanto que nunca moverá un dedo por sacarla de allí. Y así año tras año, mis padres tejen su red de besos y fracasos. Y yo, su única hija, miro esta belleza sin igual. Ya no puedo intervenir, ¡Sus actuaciones son tan perfectas y estudiadas! Es cómo mirar una pecera llena de hermosos peces tropicales y saber que el agua está muy caliente, ardiente como lava, y que es mejor no meter la mano, porque pueden ser pirañas esperando nuevos manjares. Mis padres se devoran. Es una curiosa forma de amar. Cada dí...